¿La FILBo como un espacio exclusivo o inclusivo?
- PD Press
- 2 may 2024
- 4 Min. de lectura
Por: Yurany Linares

Del 29 de abril al 2 de mayo de 1988 fue la primera edición de la Feria Internacional del libro en Bogotá, conmemorando su edición N°36 desde el pasado 17 de abril hasta el 2 de mayo del año en curso. Como es de costumbre desde 1991 se tiene un país de honor en cada una de las ediciones, conmemorando una fecha, evento o una misión especial en la lectura y en general en el gremio de la literatura; este año se tuvo como invitado de honor a Brasil, conmemorando e incentivando a Leer la naturaleza, así como se le nombró a la actual edición presentada por la Cámara Colombiana del libro y Corferias en la cual nos invitan a dialogar sobre este encuentro de cultura y naturaleza en una única existencia, con el poder de abrir conversaciones ancestrales, diversas y contemporáneas, recordándonos las herencias de los biomas culturales.
La misión en la actualidad de la FILBO es Unir a Colombia a través de la cadena de creación y producción del libro, de la lectura, donde lo cultural y lo comercial dan forma a la feria y reflejan las realidades del país; sin embargo, en la visita realizada a esta nueva edición me surgieron varias incógnitas, la más importante es si realmente ¿la FILBO es un espacio INCLUSIVO PARA TODOS o un espacio EXCLUSIVO PARA ALGUNOS?
Se habla de la inclusión como ese espacio en el que entramos todos, donde al participar aportamos un elemento importante y de igual forma aprendemos a compartir, conversar y razonar unos con otros, sin tener limitantes de edad, género, capacidades o una división social.
Por otra parte, la exclusividad es algo que unos pocos pueden tener, un privilegio o una virtud de la cual una persona o un grupo de personas específicas hacen ver inalcanzable un objetivo o elemento por su valor económico.

Al entrar al pabellón número 1 de la FILBO nos encontramos con la sección infantil, juvenil y otras similares, en las cuales encontramos gran variedad de literatura, tanto nacional con autores como Gabriel García Márquez o Mario Mendoza, e internacional como lo son Rosa Montero, Eduardo Sacheri, Pablo D'Ors y Santiago Posteguillo, estos últimos como invitados de honor en la edición 36. Sin embargo, mientras caminaba entre los coloridos estantes y se observaba la diversidad de títulos disponibles, una pregunta comenzó a rondar en el ambiente: ¿verdaderamente es un espacio diseñado para incluir a todos los lectores, sin importar sus capacidades o limitaciones?
Al fijarnos en la zona infantil tanto en las editoriales como las grandes empresas de papelería es de fácil acceso saber que no se tiene una sección especial o algún ejemplar en el sistema Braille, algo que socialmente genera gran controversia, viéndolo como esa gran falencia para aquellos niños con discapacidad visual que desean sumergirse en el mundo de la literatura o aquellos padres que quieren guiar a sus hijos con la lectura y cuentan con dicha condición médica, aquí otra incógnita, ¿Acaso la FILBO está excluyendo inadvertidamente a estos lectores jóvenes al no proporcionarles acceso a libros en formatos accesibles para ellos?.
Aparte de esto, pero no muy lejana su relación está la exclusividad o mejor aún, accesibilidad económica, en los distintos pabellones se encuentran miles de títulos, de todos los tipos, sí, pero ciertamente para muchos visitantes es inevitable fijarnos en que la gran mayoría de los libros exhibidos tienen precios inaccesibles para gran parte de la población, en especial para jóvenes y niños que se acercan con su grupo de amigos o con las distintas instituciones educativas a las que pertenecen, con el fin de conocer diferentes autores, comprar su libro o saga favorita u otro elemento que le llame la atención.
Una tercera incógnita rondaría los pasillos de la FILBO. ¿Es realmente inclusiva una feria del libro donde solo aquellos con cierto poder adquisitivo pueden permitirse comprar los libros que desean? o ¿Qué oportunidades se están perdiendo para fomentar la lectura y el amor por los libros entre los jóvenes y estudiantes que podrían verse desanimados por los altos precios?
Al hablar con algunos visitantes y trabajadores que están en el evento, se mencionó que la “exclusión” que se logra evidenciar en los diferentes pasillos de la FILBO, específicamente en el pabellón infantil, es un gran error, tanto para los niños en condición visual, como para los padres y educadores, porque aparte de no tenerlos en cuenta en el evento más importante de la lectura en Bogotá, se estaría fragmentando su educación a algo exclusivo, conllevando esta carencia del sistema braille a costosos procesos educativos o inaccesibles elementos de estudio o entretenimiento.
Además, se menciona que una buena opción para fomentar la producción y distribución del sistema braille en las diferentes editoriales y papelerías colombianas, seria por medio de colectivos, instituciones y parte del marketing y publicidad que genera la FILBO en su proceso mediático, ocasionando que las editoriales den mayor importancia y valor al sistema braille, igual que tendrían más elevados visitantes con el que hoy cuenta la Feria Internacional del Libro en Bogotá.
Algo importante es que, pese a los nobles objetivos del evento, al querer unir a Colombia a través de la lectura, podría estar perdiendo de vista a una parte importante de su público potencial, aquellos que necesitan mayor accesibilidad y con recursos financieros limitados.
La inclusión va más allá de simplemente invitar a todos a participar; se trata de garantizar que todos tengan igualdad de oportunidades para hacerlo. La exclusividad, aunque a veces inevitable en el ámbito comercial, debería ser cuidadosamente equilibrada para no dejar fuera a quienes podrían beneficiarse en gran medida de lo que la FILBO tiene para ofrecer.




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