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El juego de las potencias

  • Foto del escritor: PD Press
    PD Press
  • 22 oct 2023
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 4 nov 2023


Foto EE: Reuters

Por: Luisa Rincón


En las últimas semanas, los noticieros y las redes sociales no han parado de informar acerca de la guerra reavivada entre Israel y Palestina, reavivada porque el conflicto que ha surgido el pasado 7 de octubre no es algo nuevo, desde 1948 ha habido un incesante conflicto entre esto dos Estados (como se denominan ambos). Pero ¿Quién tiene la razón?, o para evitar la parcialidad ¿Qué Estado tiene las razones suficientes para justificar una pelea de tal magnitud?


La respuesta es simple, ninguno, no totalmente al menos, es imperante resaltar que no es solo una guerra por parte de dos países o naciones, sino que es un conflicto que ha estado en el territorio en cuestión durante miles de años, el actual terruño de tierra dividido en Gaza, Israel y Cisjordania, ha tenido un complejo mapa político y legal por años, y al mismo tiempo ha atravesado muchas guerras por parte de muchos pueblos donde la religiosidad y la cultura han sido el motivo principal de las diversas disputas.


Sin embargo, para entender el conflicto actual solo debemos empezar mencionando la primera migración judía a Israel en 1917, esto debido al auge del movimiento sionista que surgió en el siglo XIX, en este periodo y hasta 1948 los judíos se encargaron de establecerse en la en ese momento era Palestina, siguiendo así el principio sionista de establecer un Estado judío en la antigua tierra santa de Israel. Es aquí cuando las potencias adquieren un papel decisivo en el escalamiento de la actual guerra.


Para ser breves, Inglaterra como país triunfador de la segunda guerra mundial, y luego claro, del holocausto judío, decidió dividir el territorio en parte judía y parte Palestina, lo que funciono por un periodo de tiempo corto, para luego dar paso a una guerra que se sostiene hasta nuestros días. Israel ganó terreno, invadiendo los lugares asignados a Palestina terminando por desplazar a casi 2 millones de Palestinos a los países vecinos como Jordania, Siria, Líbano e Irán, dejando a los palestinos sin estado y a su suerte. Bueno, con la posibilidad de asentarse en dos pequeños territorios: la Franja de Gaza (el actual territorio en guerra) y Cisjordania (con intervención israelí y asentamientos judíos cada vez más invasivos).

Ahora bien, ¿Eso es lo que luchan los palestinos? En principio sí, no obstante, el grupo encargado de realizar ataques contra las principales ciudades en el Estado de Israel es Hámas, una guerrilla yihadista y militar que dentro de sus objetivos busca establecer el estado islámico con preceptos radicales del islam. Esto quiere decir que no todos los palestinos están en guerra, la Autoridad Nacional Palestina (que opera en Cisjordania) ha declarado que no se identifica con estos ataques.


Aunque mundialmente se esté hablando de quién tiene razones o quién es el malo de la película es imprescindible pensar el papel político de las potencias y donde las perspectivas de estás movilizan en gran parte la opinión, por lo menos occidental, acerca de esta guerra. El movimiento guerrillero al frente de los primeros ataques es en gran medida radical, donde sus ideas logran generar repudio debido a sus ataques terroristas suicidas (sobre todo en Europa), pero ¿Por qué las potencias rechazan las acciones de Hámas y no el desplazamiento masivo de palestinos debido a la invasión de sus territorios por parte de Israel?


La guerra actual que se desarrolla en Oriente es solo una muestra más de la guerra fría que se mantiene de manera tediosa en la geopolítica mundial, las potencias apoyando a Israel debido a esa deuda moral por el holocausto, condenando a Hámas, guerrilla apoyada por países de tendencia izquierda, un juego donde todo se vale y donde la mayor potencia, Estados Unidos, busca tener influencia política, económica y cultural en todas las partes del mundo sin importar el precio o en este caso los civiles afectados.


Los apoyos y los odios políticos se vuelven irrelevantes cuando están en juego vidas, a pesar de eso los derechos humanos se desdibujan a la hora de ver a países subdesarrollados o con ideologías religiosas fuera de la tendencia occidental, porque sí, los derechos son una idea occidental y para los occidentales, o eso es al menos lo que transmite Estados Unidos al inmiscuirse en los consejos de seguridad de la ONU que buscan condenar los abusos del estado de Israel en contra de los palestinos, muchos de los cuales son profundamente xenófobos.


Cosas como el término “ciudadano de segundo nivel” empleado para referirse a los palestinos en ciudades de Israel, el bloqueo marítimo, aéreo y terrestre en la franja de Gaza que tiene en la miseria a sus habitantes y de los campos de refugiados multitudinarios carentes de servicios básicos que los países vecinos han tenido que asumir, son muestra de cómo la historia se ha contado desde un solo lado.


Aun cuando, Estados Unidos se autodenomine mediador entre este conflicto, sus intenciones no son tan filantrópicas, su apoyo es sólido para Israel lo que no demuestra una imparcialidad necesaria para generar acuerdos entre los dos estados, todos los acuerdos que se han tratado de efectuar entre las dos naciones, dejan como resultado unas resoluciones poco efectivas, la nación americana se ha encargado de ser un aliado silencioso que poco hace para una solución al conflicto, aunque la verdadera pregunta es ¿Cuál es la solución del conflicto?, la respuesta es difícil, lo que sí es claro es que después de tantos años, compartir el territorio no ha sido posible, alguien tiene que ganar, sin embargo, ambos perderán vidas inocentes.


Porque si bien, aunque parezca que el conflicto tenga sus causas simplemente en la conquista de territorio, detrás de este se hallan otras razones como: la xenofobia, la intolerancia, el poder y la identidad. Porque sí, el territorio permea al ser de identidad en mayor o menor medida, y tratar de minimizar la importancia de este es minimizar el desplazamiento de los millones de Palestinos.


El territorio es indisociable a las relaciones de poder y el arraigo a este es territorial también, la habitabilidad de un entorno adquiere significado mediante la interpretación de las personas y es ahí cuando el territorio adquiere el papel social de contribuir a la creación de una identidad socio-territorial, como lo destaca Gilberto Giménez en su artículo “Territorio e identidad”, la mirada al lugar físico humaniza el paisaje y lo llena de sentido.


Privar a una población de territorio es afectarlo profundamente, el desplazamiento trama de manera significativa a la población, la imposibilidad de vivir en una comunidad estable, con un territorio fijo va en contra de los tan promulgados derechos humanos que la ONU defiende a su conveniencia, es por ello que los palestinos se han visto tan afectados y por lo que su voz ha sido tan ignorada.


Por lo que, la disputa no se puede subestimar y los acontecimientos que se desarrollarán son

importantes para conocer hasta dónde llega la hipocresía de las potencias, es por ellos que es pertinente plantear algunas preguntas: ¿qué tanto estará dispuesto Hámas a hacer en favor de sus ideas radicales y xenófobas?, ¿hasta qué punto se pueden justificar las acciones de Israel en favor de su inmunidad moral por el holocausto?


¿En este mundo, o eres represor o eres reprimido?, al parecer eso es lo que cree el estado judío y tal parece que está dispuesto a cumplirlo a cabalidad para demostrar su fuerza, sin importar sobre quién tenga que pasar, al fin y al cabo, con el apoyo de las potencias, no queda nadie que diga nada.


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