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Entre risas y suspiros.

  • Foto del escritor: PD Press
    PD Press
  • 23 feb 2024
  • 1 Min. de lectura

Por: Jhon Ariza


Tomada por: Luisa Rincón

La intimidad comenzó con risas, bromas y recuerdos que  nos hicieron ir a la cama. En esencia, ambos sabíamos que esa seguridad que da un abrazo solo la tendríamos bajo las cobijas, es un secreto, el amor se volvió prohibido por tanto dolor. 


La atracción se disfrazaba con el sueño, que de manera irónica van de la mano, porque tu presencia condiciona la tranquilidad y el deseo. Y así fue, tus labios me concedieron un beso de repente, que como una conmoción me dejó fuera de este mundo. Acariciar el sexo, no solo tenerlo, es increíble. Porque el placer físico es primitivo, pero el placer del alma es platónico.  


Las manos hacen su trabajo para derrumbar cada una de las berreas de tela. La respiración genera un ambiente apresurado, en el que el tiempo deja de correr. Los movimientos en cada dirección generan placer y el sonido hace que los pelos se pongan de punta al son de la melodía de nuestros cuerpos. Todo sube, borbotea, aumenta, excita hasta caer de lo más alto… Al terminar,  un vacío pasa por el interior, que solo se llena si estás con la persona que amas. 

 

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